Subconscientes...

30 de mayo de 2012

Soy distinto.

Era delgado, llevaba el pelo largo y una fina perilla que perfilaba su mandíbula. Ciertamente, tenía aspecto de hombre moderno, pero si me lo imaginaba vestido como un espadachín, en plena época de Quevedo, podría haberme jurado que acababa de llegar del Siglo XVII en alguna máquina del tiempo y le hubiese creído.

Su papel consistía en ir de sensible, de alternativo, de diferente. Ya en la cena me expuso claramente su carácter y, entre frase y frase, recalcaba que ni tenía televisión para no ser manipulado por los medios (¡Qué cool!).

Le observé mientras me acosaba a preguntas. Me ponía nerviosa. Casi hacía tambalear mis seguros cimientos, esos que todos se empeñaban en clasificar como de hormigón y en realidad eran de paja. Sí, quería perforar mis defensas intentando componerse una idea sobre mí, etiquetándome, posicionándome, estereotipándome y prejuzgándome (y no hay cosa que más odie, pues para bicho raro, yo) 

 Y tras el ritual baile, las tradicionales copas, los habituales excesos y las desinhibiciones varias, le invité finalmente a dormir en mi casa.

 - No pienses que voy a acostarme contigo-. Me dijo desafiante "el Capitán Alatriste" recalcando que él era un hombre distinto. Aún no me había besado y caían ya las 5 de la mañana de una noche de verano demoledora. Como especimen único que se auto-consideraba, no quería ser él el que tomara la iniciativa, como hacían todos.

- No lo pienso - repliqué-. Tengo un bonito sofá donde puedes descansar hasta que te baje el índice de alcoholemia -. Y en ese preciso instante supo que tendría que dar él el paso (o poco había que rascar). Fue justo cuando tapó mi boca con la suya, cuando sus manos exploraron mi cuerpo, adornando sus caricias para que fuesen especiales, diferentemente sensuales, extraordinariamente únicas.

Pero aquel hombre, tan relativamente atípico,  no pasó de ser un mediocre amante que, por más que se esforzara, no llegaba a cumplir sus propósitos: Sus estrellas eran comunes, sus fuegos artificiales, ordinarios y aquellas mariposas que intentaba transmitirme pasaron desapercibidas. Él, que tanto empeño puso para intentar deslumbrarme y encandilarme. Él que se moría por hacerme esclava de sus deseos...

Al día siguiente, salió de la ducha y, mirándose en el espejo, sentenció su frase final:

-¡Pero mira que bueno estoy!

Obviamente, no le volví a ver. Quise meterle en esa supuesta máquina del tiempo y marcar cualquier año de 1600, enviándole directo a la taberna donde, Don Francisco de Quevedo y su tertulia, le estaría esperando para que les relatase qué tipo de mujeres hay en el Siglo XXI.

- Muy raras, Don Paco, muy raras - diría él con su sombrero de ala ancha -, pues después de pasar toda la noche amancebado con ellas, no vuelves a saber nada más.

- ¡Qué raro! - Diría Quevedo.
- ¡Qué diferentes! - Diría el doble de Alatriste.



8 comentarios:

  1. Los efectos secundarios cuando se lleva una cierta dosis de alcohol en sangre, no son los deseados para "rematar" una sensual noche.
    Y encima se creía Narciso!!... otro contemporáneo de Alatriste.

    ResponderEliminar
  2. Bueno, no es que estuviese juzgándole por el tema sexual, básicamente. Hablamos de ser especiales en todos los sentidos y en eso el alcohol sí ayuda... ;-)

    ResponderEliminar
  3. Muy divertido, vaya que sí. Tuve el gusto de conocer hace poco al doble del Capitán Alatriste (no soy gay), y me ha hecho mucha gracia encontrarlo por aquí, porque también él andaba "conquistando" a una mujer del siglo XXI.

    ResponderEliminar
  4. Si es que "habemos" cada ejemplar por ahí suelto que "pa" qué te voy a contar.
    Claro que las mujeres que los eligen (aunque sólo sea para una noche) también tienen su... encanto. Pero para gustos, los calores. Y los colores.
    Un texto muy ameno. Gracias por compartirlo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Jajajajajajajajajajajajajajjajajaja...
    Me parto con los Alas Tristes estos... jajajajajajajjajajajajaja...

    Qué buena la crítica!!!
    Estupendo.

    ResponderEliminar
  6. Pues difiero yo en eso que decis del alcohol, hombre!!...y de eso entiendo (...y el Tone ni te cuento)...las copas, o su número, excesivo a veces, no estan ligadas con la estupidez...el gilipollas lo es igual con menta poleo que con whisky de malta.
    Más bien hay un buen número de ejemplares que, no estando a gusto consigo mismos, por simples, se disfrazan, equivocando casi siempre dicho disfraz (por pretencioso)
    Lo mejor, simple o complicado,es ser tu mismo.
    Buen texto, colega, y bonico blog!!

    ResponderEliminar
  7. Desde luego qué poco glamour!! Piropearse a sí mismo delante de una dama..., si es que se cae por su propio peso, jajaja, en fín, hay cada especímene... Muy bueno, tocaya, me has hecho reir. Un abrazo

    ResponderEliminar
  8. Todos hemos vivido situaciones similares; normalmente nos desorienta alguien que trata de adornarse de un desfile de tópicos que, en el fondo, solo resuenan a esnobismo.
    Si no hay nada más a mano (y la libido nos acosa) tiramos para delante, pero sabiendo muy bien que al día siguiente el príncipe (o la princesa) azul mudará de color, pero ¡que nos quiten lo bailao!
    (aunque, en tu caso veo que te salió rana desde el principio) :)
    Me ha gustado leerte, he entrado de casualidad y escribes muy ameno.

    ResponderEliminar

Tus comentarios me inspiran.

Más páginas