Subconscientes...

19 de septiembre de 2012

Allanamiento de morada (2) - Minitrilogía

(Getty Images)

- Vale, tranquilo -, contestó la mujer en el mismo tono susurrante.- ¿Podrías no apretarme tanto el brazo? No me voy a escapar, me estás apuntando con una navaja.

El ladrón aflojó un poco pero no se fiaba, así que se situó detrás de ella y pasó su antebrazo por el caluroso cuello de su víctima, trayéndola hacia su cuerpo para que no tuviera demasiada movilidad. Estaba empezando a sudar. El pañuelo que se había colocado en la cara y el calor de aquella mujer adosado al suyo propio no le dejaban respirar en condiciones. Decidió bajárselo para notar cierto alivio. Al fin y al cabo la tendría todo el tiempo de espaldas a él y no supondría un peligro.

Mientras tanto, ella notaba cómo el brazo de aquel hombre le acariciaba la clavícula percibiendo su acelerada y varonil respiración que mecía su pelo. Exhalaba aquel aroma fresco que su subconsciente no rechazaba. Sin más, se dio cuenta de que se iba tranquilizando sin entender bien por qué. Debería de estar histérica, gritando, luchando contra él.

- ¿Dónde está? -. Los  labios del asaltante rozaron su oreja derecha y aquel acto involuntario tuvo una respuesta inmediata en ella: el vello de los brazos erizado y el pecho irguiéndose puntiagudo. No era posible que estuviese reaccionando de ese modo, no. Era como si siguiese soñando mientras intentaba controlar a su otro “yo” y no lo consiguiera.

- Está aquí -, dijo señalando la nevera.

- ¿Aquí? -, dijo incrédulo. - Muy listos. Dámelo -, le seguía murmurando al oído.

El calor de aquella noche veraniega pesaba denso y el sonido nocturno de grillos y ronquidos no cesaba, tal que una locomotora ciega que se detiene únicamente cuando el alba marca su destino.

La mujer abrió la nevera y la estancia volvió a quedar iluminada. Buscó en el cajón de las verduras un paquete envuelto en plástico que yacía al fondo y  pensó en aquel dinero: parte de su nómina que le pagaban en negro. Pensaba también en que si su marido tendría el sueño más ligero ya hubiese notado que ella llevaba un rato fuera de la cama, pero como era como una marmota nada se podía esperar de él. De pronto, percibió cómo el ladrón apretaba aún más su cuerpo contra su espalda, estrechando el espacio que le rodeaba la clavícula.

Sin moverse, le pasó el botín a su atracador y por un impulso, aprovechó que la puerta aún estaba abierta para girarse. No fue premeditado: Él tenía los labios gruesos, la nariz chata y unos ojos con largas pestañas que no se ajustaban a un color definido. Podían ser verdes claros con tintes marrones. Su frente lisa dejaba entrever que no pasaba de la treintena.

La tenía pegada, quieta, sin hacer el mínimo movimiento, y de pronto ella se giró para verle. Error. Nunca tenía que haber hecho algo así. Sabía perfectamente que hubiese podido salir de allí con el dinero a oscuras, por la puerta principal y nunca hubiesen podido encontrarle. Pero... ¿ahora qué?

Vio cómo le observaba. Se fijó en aquellos ojos azules oscuros analizándole la cara, atrapando cada uno de sus rasgos. Vio sus pupilas dilatándose, las aletas de su recta nariz reteniendo el aire, desesperada. Se fijó en sus labios, desde arriba. Miró su escote agitándose arriba y abajo, sus dos protuberancias, tal que dos botones, marcándose destacadamente en la tela de seda gris. Sus pechos se hinchaban y deshinchaban acelerándose, estimulándole a él, casi provocándole.

(continuará)

4 comentarios:

  1. Ufffffffffffff, ya puede ir sacando el hielo del congelador. Ya no tiene solución, arderán por un puñado de euros, jajaja.
    Tocaya, parece que los estuviera viendo!!!
    Un abrazo.

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  2. Ves? por eso yo quería esperar a que estuvieran publicados los tres capítulos!!! ahora me acuesto con ganas de saber que pasa!!! agggggggggggggggggggggggggggggggg

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  3. No pueden liarse, es imposible, no me lo puedo imaginar. Espero no faltar al tercer capítulo, me quedo con las ganas.
    Besos

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  4. Me tienes súper enganchada... Quiero saber qué pasa, qué loca la situación, y a la vez parece tan real, como tan posible que suceda...

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