Subconscientes...

10 de octubre de 2012

El umbral desconocido. Parte 1: El clavo.

(Getty Images)
   Estaba casada, eso la hacía más vulnerable. Miraba al horizonte, confusa, ajena a su propio subconsciente que me buscaba ansioso, resistiéndose a los últimos impulsos de esa turbia tentación, enredándose de nuevo en su tradicional y rutinaria vida: sin altibajos, sin contratiempos, monótona, aséptica. Aproveché entonces para besarla  percibiendo el temblor de sus manos. Revivía emociones que presuponía ya enterradas hacía décadas. Temblaba por miedo, aterrada por traspasar aquel umbral desconocido que le atraía potentemente. Sabía que si cruzaba aquella puerta, nada  volvería a ser igual. Y sin más, se dejó vencer.

Noté su boca abriéndose despacio dentro de la mía. Aún recuerdo cómo me encendió febrilmente. Su magnetismo me embaucó. Imaginé entonces cómo serían nuestros futuros encuentros y me derretí por dentro con sólo pensarlo. Iba a hacerla disfrutar descomunalmente, descubriéndole un sinfín de sensaciones placenteras. Otra cosa no sabré pero en el arte del sexo, soy un experto y las casadas son mi especialidad. 

Semanas más tarde, habiéndolo meditado mucho, llegó a mi apartamento tras sus oscuras gafas para ocultarse del gentío que no la percibía. Sus pantis a medio muslo, su ropa ceñida y aquel perfume despidiendo feromonas, me dejaron claro que había decidido venir a por todo. Y yo se lo iba a brindar como ella se merecía. Fue así cómo empezaron nuestros encuentros. 

Sus gemidos y alaridos quebraban el silencio del ambiente. Sus convulsiones y espasmos electrificaban mis orgasmos, mezclándose, salvajes, con los suyos, el sudor y las sábanas. Y cuando la tenía en lo más alto  notaba cómo clavaba sus uñas en mis hombros gritando mi nombre. Después se dejaba caer llorando ríos de amargura entre mis brazos. 


No le dejes, es un buen marido –, le repetí una y otra vez. – Tienes un buen hombre en casa y yo te doy lo que te falta -. Pero su respuesta era callar digiriendo su pena mientras, nerviosa, miraba su reloj de reojo para volver a marcharse. 

Fueron varios años de encuentros, de charlas íntimas, de complicidad aferrada al tacto de nuestra piel. Aquello que empezó siendo sólo puro sexo, de repente y sin saber cómo, se convirtió en amor. Ahora era yo quien gritaba que la quería subiéndola encima de mí, poseyéndola una y otra vez. Era yo el que quebraba el silencio, rompiendo el colchón, aullando su nombre al dejarme fluir. Restaba las horas para verla, contaba los minutos, necesitaba escucharla a diario. Yo, el independiente. Yo, que renegaba de cualquier compromiso.

Pero un día cenamos fuera. Se quitó las oscuras gafas exhibiendo su rostro al público. Dejó de observar a su alrededor, relajándose, sin importarle si había alguien conocido en el local que pudiera reconocerla.

- Le he dejado -, dijo muy seria. – No puedo seguir viviendo así. 

- No lo habrás hecho por mí, ¿verdad? Sabes que yo no puedo dártelo todo. No soy un hombre para compartir una vida. Ya lo hemos hablado muchas veces. 

- Lo sé. Sé bien cómo eres, te conozco y creo que tú y yo no tenemos mucho futuro.

Percibí  entonces mis pies caer a un vacío precipicio. Me dí cuenta de que me había acostumbrado a ella. Todo había sido demasiado fácil, demasiado bueno. Sin obligaciones y mucho placer. 

- Me estás dejando -. Pregunté afirmando-.  Y fue su muda respuesta la que lo confirmó.. 

Han pasado varios años desde entonces. Ni mis constantes llamadas, ni mis súplicas han conseguido que la volviese a ver. Me sentí hueco, desolado. 

Yo, utilizado por la utilizada. Yo, fui el clavo que sacó su otro clavo.

14 comentarios:

  1. La verdad es que me quedo más intrigado de lo normal, de lo que otras veces me quedé con tus relatos partidos, quiero decir. Creo que vas a fraccionar algún concepto... pero me parece extraño que sea así. De momento tenemos un pedazo de historia aquí, y espero poder seguirte. Erótica como siempre, desplegando fuerza con tus letras... fantasías reales, reales fantasías... la vida, la literatura...
    Besos

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    1. bueno, ya lo verás... Me encanta que te quedes intrigado. De eso se trata. Besos intrigantes!

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  2. MaCnífico!! como diría George Clooney, me encanta la historia y es bastante frecuente que sucedan esas cosas en la vida real. Qué lo sé yo...
    Sigo atenta a lo que sigue.

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    1. Si fuera George lo mismo no lo habría dejado...jajaja. Ya te digo que es bastante frecuente. Mucho más de lo que la gente imagina...

      ;-)

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  3. Es intrigante leer esto comiendo.
    Me ha gustado, pero no me ha quitado el hambre. Quedo en espera. En standby

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    1. Mientras no salpiques el pc, todo va bien. A ver si en el siguiente consigo que dejes el tenedor apoyado un buen rato...ji ji ji

      bss!!

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  4. Guau, qué bueno tocaya!!!!
    Los juegos tienen eso... siempre hay ganadores y vencidos.
    Sigo a la espera.
    Besotes.

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    1. Gracias Anita. Bueno, como dice Fito: todo está muy claro pero no lo entiendo, quién está ganando y quién está perdiendo?

      ;-)

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  5. Me gusta mucho este inicio que te deja con la curiosidad,las ganas,y la sorpresa....
    Me encantó!

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  6. Nena! ¿Cómo me tenías esto escondido? Yo soy incapaz de escribir de esta manera, no por pudor, si no porque creo que no sé hacerlo elegantemente.
    Aquí me quedo también a partir de ahora.
    Besos

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    1. Juas! Pensé que sabías también de éste blog, pero al ver que no pasabas por aquí decidí "llamar tu atención" (jejej). Échale un vistazo cuando quieras y sí, tú eres capaz de escribir así y mil veces mejor... (pelota que me he levantado hoy, juas!)

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  7. Qué bueno!!! Podría pensar que acá termina, pero como veo que pone parte 1 (sé que estoy atrasada en tus posts, me han llegado a mi mail, pero recién hoy tengo tiempo de disfrutarlos como corresponde).
    No sé qué más puede pasar... Ya mismo leo la segunda parte..
    Besos

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