Subconscientes...

30 de mayo de 2012

Soy distinto.

Era delgado, llevaba el pelo largo y una fina perilla que perfilaba su mandíbula. Ciertamente, tenía aspecto de hombre moderno, pero si me lo imaginaba vestido como un espadachín, en plena época de Quevedo, podría haberme jurado que acababa de llegar del Siglo XVII en alguna máquina del tiempo y le hubiese creído.

Su papel consistía en ir de sensible, de alternativo, de diferente. Ya en la cena me expuso claramente su carácter y, entre frase y frase, recalcaba que ni tenía televisión para no ser manipulado por los medios (¡Qué cool!).

Le observé mientras me acosaba a preguntas. Me ponía nerviosa. Casi hacía tambalear mis seguros cimientos, esos que todos se empeñaban en clasificar como de hormigón y en realidad eran de paja. Sí, quería perforar mis defensas intentando componerse una idea sobre mí, etiquetándome, posicionándome, estereotipándome y prejuzgándome (y no hay cosa que más odie, pues para bicho raro, yo) 

27 de mayo de 2012

Aún recuerdo.

Barnaby Hall

Aún recuerdo aquella tarde de verano en la que el asfalto quemaba los pies a través de la suela de los zapatos. Ese calor seco convirtiéndose en gotas, mezclándose con el denso oxígeno de aquella oscura habitación sin ventana. La tenue luz que iba colándose por la puerta, dejando únicamente espacio a los alientos reprimidos tornándose jadeos, las ávidas respiraciones alojándose en los pulmones para aspirar una bocanada más, como si fuera la última. Aún me viene a la mente aquel blando colchón que pocas veces nos cobijó más de dos horas seguidas.

No he olvidado cómo pasaban los días de mi tediosa vida buscándote, furtiva, anhelando cada instante, planeándolo, cada hora, cada segundo que se marcaba en el cronómetro descontándose del tiempo en el momento en que tus duras manos desgastaban mi cuerpo, dándome la bienvenida. Me exprimías con ansia entre tus dedos, casi cortándome la respiración, para asegurarte que era tuya, estrangulándome de pasión.

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