Subconscientes...

8 de diciembre de 2012

La cocina.




Le vi entrar de la mano de aquella mujer morena. Era delgada, alta y con un pelo negro azabache que le llegaba por la cintura. Quise hacerme pequeña y escurrirme en la silla para que no me viese, y  afortunadamente, mis compañeros comensales me escondieron de su campo de visión sin percibir mi súbita lividez.

El cabrón había estado engañándome durante tres meses. Habían sido varias semanas de llamadas, de risas, de toneladas de quimica. Y aquella tremenda manera de acoplarnos el uno al otro, de penetrarme salvajemente en la cocina mientras le preparaba una copa cuando venía a verme a mi casa. Aquello no era algo corriente. Aquello era especial. Fuera de lo común, diferente, exquisito.Y ahora me daba cuenta de que todo este tiempo había habido alguien más. La oficial. Al parecer, "la otra", era yo. Hijo de puta. Seguí la charla con mis amigos tragándome aquel sapo con la mejor de mis sonrisas, y al marcharme, lo hice discretamente para que no me viese, pero ardía de furia por dentro.

A las pocas horas se puso nuevamente en contacto conmigo, alegando su falta de tiempo, sus muchos quéhaceres, su complicada vida...

- Pero ahora que saco un ratito, dime, ¿quieres que quedemos ahora?
- Claro, pásate por casa cuando puedas, porque además, quiero hablar contigo.

A las once de la noche se presentó con una botella de champán en la mano.Yo lo recibí recién duchada, con un corpiño de seda rosa de lazos cruzados en la espalda. Mi pelo recogido en un alto moño dejaba al descubierto ese collar que rodeaba mi garganta que tanto le gustaba. El calor de aquella noche se podía casi cortar con tijeras pero yo no sabía si era mi propia furia o los 30 grados que había en mi cocina los que templaban mi piel.

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