Subconscientes...

4 de mayo de 2013

Sólo un café.

(Getty Images)
     Habían acordado quedar tan sólo para verse físicamente, pues llevaban más de un mes intercambiando frases a través de sus respectivas pantallas de ordenador. Les urgía ya fijar en la mente su cara real, percibir los olores, notarse la piel...  Sólo un café. Iba a ser un simple café. Quitarse esa sensación de ansiedad que les producía tener que esperar para una cita convencional, tal y como mandaban los cánones habituales, así que decidieron saltarse las normas y no esperar más. Acordaron que en un par de horas tomarían algo en una cafetería a medio camino de sus casas.
     Se reconocieron de inmediato. Él era más joven de lo que aparentaba, ella más menuda, pero aún así supieron que esos extraños que habían sido durante décimas de segundos se transformaron en cercanos de inmediato.
- Vaya, ¡por fin! -, exclamó él arrojándola piropos.
Ella sonreía tímida; siempre le costaba romper el hielo con gente que veía por primera vez. Después, una vez tomada ya la confianza, comenzaba a soltarse. - Efectivamente, eres más alto de lo que me imaginaba y bastante más delgado.
- No sé si tomarlo como un cumplido o todo lo contrario. Mi madre dice que tengo que comer más.
- ¡Las madres! ¡Esas grandes sabias! -, argumentó cooperativista, en un tono evidentemente jocoso.
     Pidieron ese café prometido y lo que en un principio iba a ser una charla corta se fue extendiendo hasta bien entrada la tarde. En el bar, el gentío gritaba desesperado, atento a la televisión que emitía un fondo verde en el que unos hombres millonarios corrían tras un balón. Los lamentos y gritos de la afición silenciaban la conversación entre ellos. Seguir allí se hacía cada vez más difícil pues el ruido era casi insoportable. 

     De pronto, sin venir a cuento, él atrajo hacia sí la silla de ella, arrastrándola incluso con ella encima, para situarla en frente, a tan sólo unos centímetros, cara a cara. Le había dado un giro inesperado a aquel encuentro, improvisando un papel de seductor directo, sin ningún tipo de escrúpulos. Ella, sorprendida, no dijo nada. Aquel gesto le pareció tremendamente viril. Estaba mostrando sus cartas. Le gustaba y no se lo estaba diciendo, se lo estaba gritando. Sonrió levemente, casi como aprobando la actuación. Tomó aire para protestar teatralmente por haberla arrastrado de su posición inicial pero no le dio tiempo: él la besó fugazmente antes de dejarla reaccionar. Fue un beso ansioso, robado, sin cautela. Fue como si algo le hubiese atraído hacia ella súbitamente sin poder remediarlo. 
     Más asombrada aún, alzó las cejas. – Vaya, ¿así sin más?
- Sin más, sí, y vámonos de aquí -, dijo imperativo. Pagó la cuenta, le sujetó la puerta, como un buen caballero para que ella pasara delante, aprovechando para fijarse en las curvas que marcaban sus pantalones vaqueros  que se ajustaban en un redondo trasero con forma de pera. -  Bueno...-, casi empezó a despedirse tímida.
- Vamos a tu coche, necesito seguir charlando contigo pero sin todo ese ruido -, quiso alargar aún más el encuentro.
     Se sentaron dentro del vehículo y él pidió que arrancara. - ¿Dónde vamos?-, preguntó ella inocente.
-  No sé, conduce...ya se nos ocurrirá dónde parar -. Pero no fueron muy lejos. La oscuridad se había apoderado por completo de la ciudad y únicamente dominaba las calles la ténue luz de las farolas.
     Conducían sin rumbo alguno cuando, al pasar por un aparcamiento de tierra él le indicó que sería un buen sitio para aparcar allí y seguir hablando más íntimamente. Ella lo miró de reojo adivinando las consecuencias que podían tener el tomar aquel desvío pero no se lo pensó: giró, paró, echó el freno de mano y apagó el motor.
    Al sitio, apenas transitado, les separaban cincuenta metros hasta el primer edificio y las débiles luces del alumbrado vial no alcanzaban a iluminar la zona. Apenas había aparcados unos cuantos coches que, inmersos en la oscuridad esperaban pacientes a ser conducidos al día siguiente.
- Verás, no tengo mucho tiempo. Si no, te pediría que me invitaras a cenar en tu casa...
- ¡Qué osado! -, dijo ella sin prever cómo de pronto se abalanzaba encima. La besó sujetándole además la cara con las manos, firme pero suavemente. Metió su lengua en su boca buscando la de ella y saboreó sus labios mordisqueándolos lentamente. Nuevamente desconcertada, y notando cómo el olor de su dulce piel se iba metiendo en sus propios poros, se fue dejando hacer. Primero pasiva, más bien incrédula con todo lo que estaba pasando, después correspondiéndole. Él no dejaba de besarla, deleitándose despacio pero incesante. La palanca de marchas se interponía entre los dos y abrazarse empezaba a resultar una tarea complicada. 

    En un momento en que él consiguió recuperar la sensación de realidad, se separó y le imploró ir al asiento trasero. Ella accedió. Cerraron el seguro por dentro y pusieron la radio. Una vez acomodados, volvieron a los labios, a las manos que palpaban las caras, los ángulados perfiles que se erizaban con el tacto de las yemas de los dedos, los cuellos que lucían desnudos, un perfecto solar donde posar sus lenguas,

     Comenzó a faltar el aire. Dentro del habitáculo el oxígeno se hacía pesado impregnándose de feromonas, efluvios y sudor. Él seguía saboreando lentamente su piel, bajando sus labios por los hombros, lamiendo sus pezones sin prisa ninguna. Y mientras, ella dejaba escapar tímidos gemidos mientras un húmedo calor invadía sin remedio ya sus muslos. Siguió y siguió bajando a la cintura y desabrochó los pantalones. Zigzagueó con su larga y dura lengua que buscaba hundirse en algún recoveco de su cuerpo. Mordisqueó las bragas y comenzó a tirar de ellas. Las manos empujaban ansiosas el pantalón hacia abajo, y una vez a medio muslo, fue palpando con su lengua las ingles humedecidas. Reptaba aquel músculo mojado buscando el pliegue entre ambas piernas. 

Ella se recostó, abriendo más las piernas en un claro gesto de vía libre. Pensaba que no lo haría. Llevaba jugando mucho tiempo, y los golpes de la sangre en los oídos avisaban de su gran excitación. Por fin introdujo aquella suave y aterciopelada lengua. Primero bordeando los labios, después entró sin resistencia.

     - ¡Madre mía!-, gritó ella. - Con razón dice tu madre que tienes que comer más... ¡Lo haces tan bien! -, soltó frívola. El no parecía oírla. Seguía en su obsesión de acabar de conocer todas esas profundidades y recovecos que tenía por dentro, y con cada lenguetazo ella temblaba pensando que en cualquier momento iba a alcanzar ese ansiado orgasmo. No lo consiguió hasta que no introdujo un dedo. Fue notar sus falanges dentro y estalló explosiva con un grito apagándolo al morderse el puño.

     Sin esperar más, él sacó un preservativo del bolsillo trasero. Se sentó bajándose los pantalones en espera de que fuera ella quien esta vez lo embistiera. Fue rauda a sentarse encima de él, cara a cara, donde pudiera sentir cómo la iba penetrando, abriéndola despacio. Se agitaron, se convulsionaron empujándose el uno al otro, como una lucha en el que ninguno de los dos quisiera salir del cuerpo del otro. Y aquel suave balanceo inicial se fue acelerando paulatinamente hasta hacerla explotar dos veces más. Finalmente, él, asegurándose de que ya estaba satisfecha, se dejó vencer exhausto mientras un ronco gemido marcó el final del trayecto.

     Recuperaron el aliento, casi asombrados de cómo se había desarrollado todo. Buscaron su ropa por el suelo del coche y pasaron de nuevo al asiento de delante. No hubo cigarro, ni caricias, ni siquiera un "ha estado bien". Sólo un silencio aplastante que definía lo que ambos sabían. Sin embargo, a ninguno de los dos pareció importarles.

Se despidieron con un gran beso de tornillo a las puertas de aquella cafetería... y nunca más se volvieron a llamar.

28 comentarios:

  1. Vamos por partes Anita, para empezar esos hombres ¿dónde están? y ¿por qué no se llamaron más? joder... si eso es para repetirlo ¿no?, estas relaciones sexuales tan modernas de una noche no las he probao pero vamos, tal y como la cuentas aquí jamía, no me importaría jajajajajaja.
    Besos sin verguenza... jajajaja.

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    1. Esos hombres existen, tía, que te digo yo que sí. Los hay raritos, espontáneos, dueños del calentón del momento y cuando les da vena se marchan y no dan señales de vida.

      Pues ná, habrá que buscarte alguno que te apañe aunque sea de esa manera... Besos sin pudor...jajaja

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  2. Me recuerda a mis tiempos mozos :D aunque la verdad que a mí me costaba varios días llegar a esa situación, ahora, soy más de reclinar el asiento del copiloto, atrás no me daban las piernas.

    Ahora, eso de no llamarse más... yo que él llamaba fijo.

    Besos.

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    1. Eso es que eres muy alto entonces... Entre estos detalles y que te probabas mi vestido de boda, no te ubico yo con tanta pierna...jajaja.

      Tú llamabas, él era un chulo.

      Besos, rey.

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  3. Y digo yo que si estoy suscrito el por qué no me llegan las entradas, he probado a suscribirme otra vez y me dice el sistema que no sea plasta, que ya lo estoy.

    Muero en mí de desesperación :(

    Bueno, morir morir no, tampoco exageremos más de lo imprescindible, es más como cuando te clavan una estaca oxidada y te desgarran las entrañas sacándote los indestinos y te vacían dos saleros dentro.

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    1. Ay, las dichosas subscripciones. Ni idea, hijo. No entiendo por qué a algunos les da problemas y a otros no. Supongo que son fallos de blogger, yo qué sé! Y tú no te me mueras más de lo necesario que morirse pa' ná es tonteri-da.

      Besos moribundos (ya de sueño).

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  4. Madre mía, qué cita! Una y no más, por qué? Con lo bien que se lo pasarían en las siguientes,jijijiji.
    Me has hecho recordar algo toc, pero ahora no caigo.....
    Qué calurosa entrada!
    Un abrazo, tocx2.

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    1. Bi-Toc: una y no más porque no fueron a citarse, fueron a tomar café y se les fue un poco de las "manos" (y nunca mejor dicho...jajaja). El caso es que la vida fue por otros derroteros, supongo.

      Bi-besazo.

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  5. Bien... muy pero que muy ardiente, y fugaz, y bestial... Intuyo que ambos estaban casados? Es broma, sólo es por añadir más leña al fuego (y mira que no hace falta)

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    1. No, no estaban casados. Estas cosas de la facilidad es lo que tiene...jajaja

      Besos!

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  6. y volvieron los encuentros atrevidos jajajaja. una noche fugaz como una estrella. Esos encuentros son fantasticos, libre de todo.
    saludos
    carlos

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    1. Es lo que tiene ser libre, supongo! Libre y libertino!

      :-) Besos

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  7. No llamó más porque está haciéndole caso a su madre, comiendo más por ahí... :P
    Besazo

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    1. Sí, para mí que éste era demasiado goloso... Aunque ella creo que tampoco llamó. Debe ser que tuvo suficiente para ser un "café"... :-)

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  8. Ay ese café calentito!! parece que al tomarlo se les activó las feromonas.
    Él un macho Alfa, y ella receptiva y multiorgásmica... genial combinación!!.
    Genialmente relatado, Ana.

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    1. jajaja, así salió la cosa... Un abrazo, Manu.

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  9. Me encantan los polvos en el coche... morbo y fogosidad en un breve espacio de tiempo.

    Para que alargarlo más??? Así ocurrió y ninguno de los dos quiso más.

    Beso.

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    1. Supongo que si hubiera habido más no hubiese sido igual ni de lejos... Éstas cosas es lo que tienen...

      Besos!

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  10. Una fantasía para mi album interior! Buen relato,caliente y lleno de vida! Me gustó mucho!

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    1. Gracias Luna caliente, digo roja! jejeje. Besazo.

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  11. Le veo un fallo a esa historia y es el de que no volieran a verse, una de dos, o no salio tan bien la cosa como parecia o una de las dos personas tenia marido o mujer jaja. Si algo sale tan bien se debe hacer cualquier cosa para repetirlo. Gran escrito Ana. Un abrazo.

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    1. La tercera opción es que ninguno de los dos quisiera más porque ambos no buscaban más y tenían claro que con ellos ya poco se dejaban por descubrir. Quién sabe por qué pero son historias más comunes de lo que puedas pensar.

      Un abrazo y gracias por el comentario, Rendan.

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  12. Amos, amos, Anita! Ya te vale. De internauta a internauta ¿Un mes? demasiado tiempo ¿un café? cenar, al menos que gasten ¿un descampado? por dios, me cago las patas p'abajo del miedo, no me hubiera atrevido ¿un polvo sin llamada posterior después de haber estado un mes mareando la perdiz? un cabrito, y un impresentable, no me ha ocurrido nunca, pero me molesta pensarlo.
    Peeero la frase de la madre en pleno rechupeteo, magistral, jaja, lo que me he reído.
    Ayyyyyy como somos!
    Besitos

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    1. Jajaja, a ver, por partes, como Jack: María de las Inmaculadas (jajaja, no me mates). Lo del mes te puedo asegurar que era la media que yo usaba para seleccionar "ganao". Lo del descampado, tampoco es que fuera el poblado de las barranquillas, tía. Simplemente he descrito una zona apartada y más oscura. Lo de no llamarse, buf! Te podría contar mil historias al respecto (tú y yo tenemos una conversación larga y profunda, me temo) y por supuesto te olvidas de una cosa: esto es Subconsciencias, no Analogías. Y aquí, como dice por ahí en algún lado TODO VALE...jajaja.

      Un beso, cagona....

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    2. Pos claro que todo vale, por eso como María de las Inmaculadas que soy, me permito con total confianza decir todas las estupideces que se me ocurren jaja.
      Lo de la conversación larga y profunda anda que no me molaría.

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    3. Pues dime fecha, hora y medio, que parecemos lelas! jajaja

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  13. Una excelente narracion de lo que toda la vida se ha llamado un aqui te pillo y aqui te mato.

    No por menos habitual deja de tener un maravilloso encanto ( sobre todo si lo vives en primera persona) me que do especialmente con la sensacion de entrega de ella, que por cierto, un poco pasiva si que ha estado. Me quedo tambien con la frase de la comida jajajajaja...coño es digna de mi abuelo!

    Ahora me queda la duda, es real? o imaginaria?


    Bss y portate mejor...( que la protagonista, digo)

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    1. Bueno, más que pasiva lo que estaba era sorprendida porque no iba preparada para que el café saliese así. Ya sabes, convencionalismos...
      Lo de la frase es simplemente para darle un tono jocoso y lo de que es real o no, tendremos que dejártelo para tus dudas existenciales, que en la vida hay que dejar un poco de espacio a la intriga y al misterio... Ahhhh, se siente!!! jajaja.

      Avemaríapurísima...(por lo de ser buena, digo)

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