Subconscientes...

30 de septiembre de 2013

La caricia invisible.



Me desperté fría y entumecida, sobresaltada por los truenos, en medio de una húmeda noche de otoño. El aletargado otoño  había decidido instalarse por fin, colándose por las sábanas y serpenteando entre la ropa nocturna. Sin luz, pero orientándome lo suficiente con la que entraba a través de la ventana, buceé por la oscuridad hasta encontrar la silla donde reposaba una manta: ese vehículo estático que me llevaría de vuelta a la calidez de mis sueños. Palpé el suave textil con los ojos medio cerrados y lo abracé tal que a un peluche mullido. Fue entonces cuando casi imperceptiblemente, sentí una presencia inmersa en la oscuridad. Era una suave y tenue respiración. Desconfié de mis propios oídos. Dudé de si seguía soñando o era un mero producto de mi imaginación. Incluso acallé mis pulmones para intentar diferenciar mi respiración de la otra, pero el silencio se fundió con las gotas de lluvia que empezaban a golpear el cristal.

Al volver a la cama, desplegué la manta por completo, cobijándome bajo su peso y,  poco a poco, mis músculos fueron aflojando la rigidez del entumecimiento anterior, dando paso a un dulce y cálido sopor que comenzaba a envolverme. Me dejé vencer, reposando todas mis extremidades sobre el colchón, relajando mis párpados y buscando el vértice del último sueño que había tenido justo antes de despertar. Mi respiración se acompasó tranquila, recogiendo aire y expulsándolo despacio. Y entonces volví a notar aquel tímido resuello. Esta vez, aún más cerca.

Abrí los ojos buscando en el negro espacio, convencida de que a mi lado debía de haber alguien, y con el corazón palpitando, ya completamente despierta, encendí la luz de la mesilla y revisé la habitación de arriba abajo: Todo estaba en orden: la foto de mi novio seguía reposando sobre el aparador, tres libros apilados descansaban uno sobre otro en la mesilla de noche y el resto figuraba  tal y como yo lo había dejado al acostarme.Volví a apagar pensando en que estaba volviéndome loca y traté de dormirme con más ahínco que nunca.

Insistí en relajarme, llegando por fin al punto en el que entraba en un dulce túnel somnoliento. En ese momento mis pies percibieron una leve caricia que subía hacia los tobillos. Pensé en que sería el calor de la manta, en que probablemente fuera mi piel relajándose, pero lo cierto es que notaba cada vez más intensamente cómo aquel candor subía por mis piernas. Era un tacto reconfortante, como el de una pluma templada, una brisa dulce que se colaba por debajo de la tela. Curiosamente, mi vello iba erizándose al paso de aquella sensación inexplicable que, poco a poco, me invadía el resto del cuerpo.

Volví a encender la luz y retiré la sábana con una fuerte sacudida. Quizás fuera algún insecto lo que me rozaba, pero allí no había nada. Sólo mis piernas enredadas en el camisón. Apagué la bombilla pensando una vez más que estaba paranoica y, enfadada conmigo misma, decidí muy seriamente intentar recuperar el sueño a toda costa. Pero pasados unos minutos, justo cuando comenzaba a relajarme otra vez, mi piel comenzó a erizarse en cuanto notaba aquel tacto, ahora ya entre mis piernas. Esta vez me quedé muy quieta, concentrándome en el tipo de sensaciones que me causaba esa anónima caricia: un dulce roce que se iba convirtiendo en un tacto más físico, como una mano invisible que exploraba mi cuerpo ligeramente. Me dejé hacer, cerré los ojos, y según iba ascendiendo hacia mi pecho, los botones del camisón estallaron al paso de aquella mano invisible. La busqué alrededor de mi cuerpo, pero fue en vano. No había ningún nada físico que andara hurgando en mi cuerpo. Sin embargo, aquella sensación se paseaba por todos y cada uno de mis poros. Sentí una  succión en el cuello y cómo mis piernas iban abriéndose poco a poco, desobedientes, autónomas, sin control alguno sobre ellas. El tacto se convirtió en un manoseo intenso que, sin poder evitarlo, me provocaba cada vez una excitación mayor.

Mis pezones se habían endurecido con el paso de aquella intensa caricia y noté cómo poco a poco la humedad invadía mis ingles haciéndome lubricar involuntariamente. Estaba sola, no había nadie conmigo y podía sentir cómo algo o alguien me empezaba a penetrar poco a poco. Era fruto de mi imaginación, no podía ser otra cosa. Era imposible. El caso es que seguí dejándome llevar por aquella sensación que se había apoderado de mí. Mis caderas se acompasaron con aquello que me invadía, y mi respiración agitada se convirtió en jadeos ansiosos, culminando con un orgasmo que se expandía por todo el cuerpo.

Finalmente, aquello que me poseía pareció dejar de tocarme. Permanecí atenta por si escuchaba algo más, pero esta vez el silencio acaparaba toda la casa. Empapada en sudor, di la luz y abrí la cama: allí seguía yo con las piernas abiertas, mojada y absolutamente absorta por la experiencia que acababa de tener. Quizás me habría vuelto auto suficiente con respecto al sexo, pero mi sensación había sido  demasiado real como para asegurar que allí no había unas manos y un cuerpo de hombre dentro de mí.

Alucinada y completamente segura de que aquello que fuese ya no estaba conmigo, me levanté para ir al baño. Fue cuando vi que la foto de mi novio yacía en el suelo, boca a bajo y con el cristal completamente roto. Intranquila, bebí agua directamente del grifo y me aclaré la cara. El espejo del cuarto de baño me devolvió el sofocado reflejo de una mujer pasmada. Y justo cuando iba a marcharme, fui consciente de que un enorme y negruzco chupetón se había quedado impregnado a lo largo de mi cuello.

23 comentarios:

  1. Ana! Pero éste no era de guarreridas? Te atreves con todo jodida! Muy bien, si querías que resultara inquietante lo has conseguido, a mi se me ha erizado un poquito el vello, que yo soy muy miedosa y en todas mis pesadillas que son recurrentes, yo estoy durmiendo cuando noto una presencia en la habitación...y blabla, no te voy a contar ahora mi sueño, pero desde luego no orgasmeo.
    Acabo de comentarte en mi blog que a ver si escribías de una vez, así me gusta, que me hagas caso y en un plisplas hayas montado ésto jaja.
    Besos

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    1. Te acabo de responder, cacho-perra!

      No sólo hay guarrerías, este blog se supone que es para cosas del subconsciente y quién no ha sentido una presencia cercana a la hora de dormir? (y si te echa un polvo ya ni te cuento, jajajaja). Bueno, cuando te metas en la cama, ya sabes...déjate llevarrrrrrrrrrrrrr, por las sensacionessssssssssss (como dice Chambao).

      Besazos!

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    2. Jajajaja...pero hija, si es que luchar no sirve de nada. No has visto el vacile que tenía el "coso-fantasma-ente" o como quieras llamarlo?

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  2. No me jodas que el Hombre Invisible sigue haciendo de las suyas ¡¡¡¡ muy bien llevado el sueño, ya me estaba recostando yo también en mi mantita....

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  3. Otra vuelta de tuerca en tu blog! Me alegro, me gusta. Enhorabuena por este valiente relato (lo de valiente también va por la chica que intentaba dormir, que por cierto, no necesita consoladores).
    La narración: fiel a tu estilo. Lo de los botones del camisón, genial.


    Besos, Ana

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    1. No, con entes como estos pululando en tu habitación quién necesita pilas? jajaja.

      Gracias Luisito. Un beso.

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  4. Un poco fantasma ya parecía :)

    Digo yo que ojo con él, que si le hace eso a la fotica...

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    1. jajaja, si, mira, mala hostia y celoso sí que parece, no?

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  5. Menudo poltergeist tiene esa chica en casa. Me has mantenido en tensión hasta el final el cual me ha dado escalofrios. Un abrazo compañera.

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    1. Gracias Rendan, me encanta que te haya producido esa sensación, se trataba de eso...jeje. Un abrazo.

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  6. Espeluznante!!! Maemía Toc, qué manera de poner los pelos de punta... si me pasara a mí... qué miedo... o no...
    Un abrazo y como siempre, genial ese estilo tuyo.

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    1. jaja, si te pasara a ti o a mí o a cualquiera...vamos, como para ir contándolo. De ahí a ponerse la camisa de fuerza, fijo.

      Un besazo, tú siempre subiéndome la moral...jaja

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  7. Una vez me pasó a mí... y mi mujer se llevó el polvo del siglo. Cada vez que se acuerda me dice que ne he vuelto a tener un sueño así ¿qué querrá decir?
    Fantasma y celosillo, pobre novio, la frente adornada y tirado por los suelos a punto de clavarse los cristales.
    Ahora en serio: buen relato, casi me dan ganas de ser mujer para poder sentir lo mismo.
    Un beso.

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    1. jajajaja, no te pierdes nada Miguel. Imagínate cien mil millones de neuronas mezcladas con feromonas y una alta dosis de estrógenos... Ni de coña, ya te digo yo que la implosión puede ser mortal...jajaja

      Besos y dile a tu mujer que tiene que seguir creyendo en el más allá...

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  8. Hola!!! se te ha concedido un premio, es algo que nos damos entre otros blogs, Te dejo el enlace de mi blog para que lo veas. Un saludo.

    http://losrelatosdeanuska.blogspot.com.es/2013/10/premio-liebster-concedido-los-relatos.html

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  9. ¿Has visto la peli "El ente"? pues tal cual tía... uffff los pelos de punta... que repelús por Dios!! qué sepas que no me has puesto cachonda eh?? para variar hoy me ha entrao canguelis... jajajajaja

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    1. jajaja, pues no la he visto y juro que no es un plagio!

      Besazos no cachondos (endevé....)

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  10. Un relato terrible y a la vez fascinante. digo lo mismo que Maiten. vite la película de El ente. Terrible y a la vez muy grato pasar por aquí.
    Busco nuevos blogs y el tuyo me ha, digamos, "seducido."
    Volveré a visitarte - y me guardo tu link- porque lo que yo quiero es buena lectura y tu blog me ha proporcionado eso mismo.
    Un saludo.

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    1. Muchas gracias Moderato. Me he pasado por los tuyos y he visto que tienes tres, ni más ni menos... Yo con dos ya no doy abasto. Me pasaré a visitarte también, que he visto mucha calidad.

      Un saludo.

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    2. Tengo tres, pero me muevo y te recomiendo uno: Moderato_Dos_Josef. Los otros, están casi en vía muerta.
      Saludos!

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    3. Aha, pues yo te recomiendo también: http://analogiasdehoy.blogspot.com.es, que es mi otro blog, diferente, más mundano, más anecdótico y sarcástico. Ya me contarás. Un saludo!

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