Subconscientes...

24 de noviembre de 2013

El beso adictivo.




Ella era un reto. Un nuevo manjar que deglutir con tanta paciencia como había invertido para conseguirla. El necesitaba calor, ansiaba pasión para alimentarse día a día y no desfallecer de desilusión.

Consiguió avanzar centímetro a centímetro hasta llegar a obtener su confianza. Así que un buen día, entre provocaciones y risas la complicidad se afincó entre los dos... y la besó. Fue un beso dulce, sin malicia. Fue un beso tranquilo, pero fue el primero de un torrente de besos que llegaron detrás. Su lengua discreta parecía perversa ahora. Su cuerpo prohibido le abrazaba cálidamente, pidiéndole que no la soltara. Continuó comiéndosela a besos, mordiéndola ligeramente, oliendo su cuello, su pelo, mientras ella se aferraba a sus hombros, agazapada en su cadera, notando en la espalda la fría pared.

La suerte estaba echada. El desafío se hizo realidad. Los encuentros fueron breves pero intensos. Mientras que él contaba los días por volver a sentir su piel desnuda sobre su cuerpo, ella sabía que aquella historia debía terminar cuanto antes. Ella le daba ilusión; él le daba placer, pero todo aquello era demasiado peligroso.

- Ven a despedirte y no volvamos a vernos más- le dijo tajantemente. Y él aceptó aún sabiendo qué pasaría.

Allí estaban saboreándose el uno dentro del otro, ansiosos, dejándose llevar por ese último momento. Lamiéndose la piel, como si fueran heridas que trataran de curarse mutuamente. Él surcando círculos con sus manos, en sus pezones, apretándolos ligeramente hasta oírla gemir, buscando la forma de llegar a su éxtasis. Y no tardó en hacerlo tras bucear entre sus piernas, absorbiendo todo aquel líquido que le alimentaba como si fuera el elixir de su vida. Succionaba a grandes sorbos, sellando aquella vulva con su propia saliva. Después hurgó aún más allá arqueando sus dedos dentro de ella. Así la escuchó gritar de placer mientras él, tenaz, seguía bebiendo de aquel licor que resbalaba por su boca.

Después se dejó hacer. Quiso llevarle hasta el mismo lugar del que ella acababa de llegar. Se sentó lentamente encima y le fue acariciando aquella puntiaguada verga que pedía ser manipulada. La desenfundó dulcemente tras forcejear con sus lenguas un duelo sin lucha, y mientras subía y bajaba, su boca buscó lentamente dónde posarse en todo aquel cuerpo que respiraba agitándose. Lo hizo tranquila, sin prisas, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Al fin y al cabo, era la última noche, la despedida.

Por fin lamió su glande, se lo introdujo suavemente, como con respeto al principio para devorarlo más tarde, empujándole lentamente con paulatinas embestidas a un clímax desbocado.

- ¿De verdad que quieres dejarlo aquí?- preguntó él habiendo recuperado el aliento.
- Sabes que es lo mejor, no me lo hagas más difícil -. Fueron sus últimas palabras.

Pero pasadas dos semanas ella comenzó a sentirse débil. Su piel dejaba traslucir las venas, sus fuerzas flaqueaban y no tardó en enfermar.
- Se trata de una enfermedad extraña. Aún no podemos determinarla - dictaminaba el médico en el hospital. No tenía anemia, sus constantes eran normales, sin embargo, la mujer no se tenía en pie. Y cada día que pasaba la situación empeoraba.

- Estarás bien - le susurró él al oído al visitarla en su cama -. Lo único que tienes que hacer es volver a besarme.
- Te dije que esta historia no podía seguir - contestó intentando recuperar el aliento - y tomé la decisión adecuada.
- No me estás entendiendo. Yo soy tu única salvación. Mis fluídos son los únicos que pueden curarte. Yo te he infectado y yo te salvaré. Mi saliva es tu droga. Una vez mezclada con tu sangre, eres mía, para siempre. Y en el momento en que te alejes de mí, vendrás buscándome para poder sobrevivir.

Así aquel vampiro comenzó a devorarla nuevamente mezclando su lengua con la suya. La fue acariciando, dejándose llevar, poco a poco, mientras ella dejaba caer dos lágrimas por sus blancas mejillas. Las mismas que según pasaba el tiempo se empezaban a sonrosar.


19 de noviembre de 2013

Respeto





Aún recuerdo esa soberbia, esa arrogancia y prepotencia que sentaba cátedra como una losa. Y también esas viscerales críticas hacia quien después, adulabas hipócritamente.

Se distinguen todavía tus resentimientos hacia la vida, hacia tu entorno, hacia ti misma, aunque no te hayas dado cuenta.

Y cuanto más tiempo pasa más trasparente se percibe ese disfraz. Ese remiendo de buena gente, de perfecta madre, de mejor pariente, de mujer razonable y luchadora incansable. Es tan fina esa tela, que desde lejos apesta a fracaso y a pena,  a resquemor y a envidia, a saña y a rencor.

Sin embargo, impartes lecciones morales,  conductas perfectas, controlas los tonos, los modos y las respuestas, siguiendo estúpidos métodos extraídos de algún libro de psicología barata. Es curioso que todo eso se dé de bruces con mis recuerdos, con ese desprecio. Con esos gemidos cuando aireabas tus orgasmos al margen de quién pudiera oírte. Ya lo ves: respeto, cero. Moralidad, menos diez ¿Y ahora me vienes con Supernannys?

Tú y tu puta manía de que todo el mundo sepa que estás aquí. Tú y tus dramas de mierda. Tú y tus pérfidas lágrimas. Como toda tú, toda falsa.

Después pondrás tu cara amable, tus sonrisas blancas y tu supuesta preocupación. Pero nada más lejos de la realidad, sólo buscas beneficio que es lo único que te interesa. Y si hay que hacerse una la mártir, se interpreta el papel y punto.

¡Qué ganas de esparcirte toda esa bilis! Arrojártela en cara y ponerte en tu sitio. Marcarte la línea que no debiste traspasar nunca. Y atarte en corto, cual fiera que eres, sin necesidad de mi látigo. Tan sólo arqueando una ceja sé que seré capaz de dominarte por fin. De hecho lo voy haciendo, poco a poco, año tras año, empujándote lentamente hacia tu sitio tras la barrera.

Y al mismo tiempo me temo. La bomba que llevo dentro haciendo tic-tac se agota, y sé que si estalla te va a dejar destrozada. Entonces el odio será mutuo.

Respeto me debes, no envidia. Respeto. No celos. No sé si lo has entendido: ante todo, respeto. 


12 de noviembre de 2013

Desmontando técnicas (estúpidas) para ligar a través de internet.



Alguna vez he contado que durante un par de años he estado recibiendo mensajes de varios “pajilleros” adolescentes que buscaban carne madura con la que fantasear a través de la red. Me decían que sólo querían charlar, pero al final acababan bloqueados, pues la cabra tira al monte y como "charlar" no les venía nada: Querían detalles morbosos de mi vida sexual, que obviamente, ni de lejos la iban a catar.

Al cabo del tiempo, recibía otros mensajes de diferentes tíos que, por supuesto, terminaban en el mismo sitio (en la P de Parla o más bien de Papelera). Siempre he sospechado que eran alumnos del cole ya mayorcitos, porque era demasiada la coña de que siempre me tocaran a mí todos los curiositos sobre mujeres maduras (madura tu p... madre, niñato).

Esta vez ha sido distinto: Hace unos días recibo un correo en la bandeja de Facebook denominada como “otros” (de la cuál nunca me acuerdo) en la que se engloban las comunicaciones de gente que no está en tu listado contactos. Veo que hay uno de un desconocido, con foto, treintañero, con los siguientes mensajes, cuenta recién abierta, nombre muy común (llamémosle Pepe Pérez) y sin "amigos" excepto otra tía y yo (hummmm, sospechoso).

Os transcribo los mensajes (literalmente) y en cursiva mis reflexiones.

28 Oct. 17:30
Hola Ana, que tal? Puede ser que te conociera el sábado en la latina? Un beso.
(pues mira que lo dudo, fui a la Latina pero no ese sábado, y si hubiese ido, tampoco sería yo).

28 Oct. 23.49
Ana?

29 Oct. 11:59
Contestame por favor.
(¿no está siendo un pelín insistente el muchacho?)

29 Oct. 18:26
Que te cuesta responderme guapa? Si te besaste conmigo!
(bueno, bueno, bueno... Aquí es cuando empiezo a preguntarme si el veneno que me dieron la última vez que estuve en la Latina, que no fue ese sábado sino otro, me hubiese teletrasportado al pasado para besarme con semejante individuo. ¿Poción mágica?

03 Nov. 20:24
Qué tengo que hacer para que me hables?
Y aquí es cuando leí toda la retahíla de mensajes, procediedo a contestar, más que nada para que el chaval deje de pensar que la susodicha morreadora de la Latina no es que no tenga interés, es que no soy yo.
03 Nov. 22:51
Creo que te equivocas. No te conozco de nada o tengo una amnesia del copón.

11 Nov. 09:22
En serio? Pero si me dijeron Ana 'Logías’, yo creo,…Bueno da igual…me has caído bien jajajaja eres de Madrid?
 
Es que no tiene desperdicio la frase, veamos: Lo primero, ¿quién coño presenta hoy en día con nombre y apellidos en un bar de copas? 
- Hola mira: Mengano de Tal – Fulana de Cuál (y viceversa). ¡Amosnomejodas! Que no, que no cuela, coño. A mí me presentan a alguien en un bar con el nombre y apellidos y date por contento si llego a recordar el nombre y, después, a ver si lo escucho con la música… ¡como para memorizar el apellido! Vamos, que no, que estamos de los nervios, histéricos con la Ley de Protección de Datos y esos temas de la privacidad, como para ir diciendo los apellidos al primero que te presentan.

Segundo: “¿Eres de Madrid?”
No, chaval. No soy de Madrid. Estaba en la Latina haciendo turismo, no te jode, ¿no me viste la cara de guiri? Claro que eso no te lo conté porque tenía la lengua dentro de tu boca...

Tercero: “Bueno da igual…me has caído bien jajajaja”.  
Aha, perfecto: el muerto al hoyo y la viva al bollo. ¡Qué poco luto le guarda a la susodicha Latinera, ¿no? O sea, se tira una semana venga mensajes, venga a brasear y, a poquito que le responde una  desconocida ya no sólo le cae bien con dos frases escuetas sino que además, cuéntame tu vida, ¿eres de Madrid? Lo peor es que me sé lo siguiente: ¿cuántos años tienes? ¿en qué trabajas? ¿por qué zona sueles salir?

Flipo. Alucino. Ojiplática me hallo. ¡Qué nivelazo! Sí, señor. Y es lo que me mola a mí: los tíos inteligentes y estrategas. Con semejante sesera una puede llegar a sucumbir a los encantos de un internauta que te asalta "como por casualidad". Es que el destino tiene unas cosas...

Me parece muy bien que uno quiera ligar, pero coño, que hay un montón de webs -incluso gratuitas- donde uno se pone en el mercado, se exhibe, se pesa, se mide, se hace fotos en el espejo del baño poniendo morritos y después de eso, te cuento de dónde soy y pa dónde voy. Y no en Facebook y poniendo anzuelos. Que no, que el guindo y yo ya nos conocemos desde hace mucho.

Efectivamente, seré una borde y también una antipática, pero es que lo peor que llevo, es que me insulten la inteligencia. Hubiese preferido esa frase toda la vida. ¿Dónde ha quedado aquello de "¿estudias o trabajas?...o ¿en qué piscina te bañas?" y no contarme una milonga que ella solita se desmonta. 

Y es que hasta para ligar hay que tener un poco de arte, pues no hay cosa que menos soporte que la gente sea poco inteligente. Tenía que haberle dicho: "¿Besarme contigo? Pues debía de estar muy borracha porque desde luego con lo feo que eres hay echarle valor... Y así se acaba la historia.





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