Subconscientes...

30 de septiembre de 2014

Y se hizo el silencio.



—¡Por el reencuentro! — exclamaron al unísono alzando sus copas.Y de pronto, un imperceptible y simple destello entre el roce de los cristales, emitió una pequeña onda, provocando una repentina insonorización del ambiente.

El resto de los allí congregados quedaron inmóviles. El maître estaba en una postura extraña, alargando un brazo para sujetar una botella que estaba a punto de caer de la barra. El camarero, atendiendo a la mesa contigua, enmudeció mientras informaba de los segundos platos. Los comensales, inertes, sostenían el tenedor en el trayecto hacia sus bocas. Otros quedaron con la boca medio abierta, a punto de beber el espeso y rojo vino que sin ninguna explicación se había convertido en un denso material.

Todo el impoluto restaurante había quedado congelado, la brisa del ventilador enmudecía y las moscas quedaron petrificadas en el aire. Tan solo ellos dos seguían parpadeando, perplejos, por aquel extraño acontecimiento. Incluso la música de ambiente había mutado a un tupido silencio. No había allí nadie más que estuviera consciente. Nadie, excepto ellos dos.

Sin mediar palabra, él comenzó a hacer aspavientos entre los amigos que estaban sentados a su lado. Ninguno de ellos reaccionaba. La tomó entonces de la mano y tiró de ella. Perpleja y desconcertada, se dejó guiar por él sin decir una sola palabra. Al abrir la puerta del local encontraron más de lo mismo: gente que caminaba con una pierna detenida en el paso; los coches sin circular, los semáforos con la luz fija e incluso las palomas, que habían alzado el vuelo, parecían blancas estatuas con sus alas abiertas. La ciudad se había parado por completo mientras ellos dos deambulaban por las calles.

Guiados por su propio instinto, y sin saber muy bien a dónde dirigirse, se cruzaron con un portero uniformado que parecía darles una estática bienvenida. Frente a ellos un lujoso hotel sin tránsito, sin reserva, sin control alguno. Accedieron a él sin más. El recepcionista, gélido, fijaba la vista en un ordenador paralizado, mientras un cliente de mármol esperaba su turno.

Sin soltarla, él agarró la primera llave que vió colgada tras el hombro del encargado y entraron tras la puerta que indicaba el número de la habitación. Silenciosos, abrieron la amplia terraza para observar la inmensa y quieta ciudad, detenida en el tiempo. Era un apocalipsis de silencio pétreo que parecía haberles excluido a ellos dos.

Vislumbrando el congelado horizonte quedaron absortos ante aquella hecatombe inanimada. Fue cuando ella sintió en su espalda el torso duro de su amigo. Le llegó su respiración acariciando su pelo y la tibieza de su cuerpo le traspasaba la ropa. Entonces, sin decir una palabra, como un pacto que nunca habían hablado, se dejó llevar. Sintió cómo aquellos varoniles labios se posaban en su cuello, apenas rozándolo. Tuvo que agarrarse a la barandilla y cerrar los ojos, concentrándose en el calor de su boca, que bajaba poco a poco mientras el vello de sus brazos se erizaba paulatinamente. Advirtió también sus dedos adentrándose en su nuca, retirándole el pelo para dejarla al descubierto. Fue allí donde posó un beso abierto, permitiendo que la punta de su lengua acariciase su piel. La escuchó estremecerse, tensionándose y ella podía sentir el tenue aire que salía de sus pulmones, impregnándose en sus poros, su lengua humedeciéndolos, sus brazos rodeándola. Después vino un ligero mordisco en el lóbulo de la oreja al mismo tiempo que sus manos exploraban su pecho erizado.

Decidió girarse, buscando aquella boca que la llamaba, que la atraía para ser invadida, pareció escucharla, decir su nombre. Enroscó su lengua dentro de la suya saboreando sus labios lentamente, deleitándose con pausa en el sabor de su piel. Las manos temblaban con prisa, enredándose en los botones de la blusa de ella y en el pantalón de él. Y ya desnudos, frente a frente, se miraron como llevaban haciéndolo durante todo este tiempo: con un pacto de silencio sin otro remedio que dejar que sus cuerpos fueran los que hablaran.

El la trajo hacia una cama que ansiaba ser ocupada. La sentó justo en el borde y dejó que ella hundiera su rostro en el duro abdomen de aquel que había llevado las riendas. Sin embargo, ahora era ella la que tomaba el control de sus sentidos. Una carrera de vello moreno indicaba un camino hacia el sur de su cuerpo y ella quiso seguirlo con pequeños bocados. Así fue bajando y bajando hasta dar con su tenso apéndice que emergía desafiando a cualquier ley de gravedad. Jugueteó con él en su boca, mientras lo acariciaba lentamente con las manos, escuchando tan solo a su compañero tiritar de emoción. Aquel era el único sonido perceptible, aquellos viriles jadeos que rompían el silencio, pues el resto del mundo permanecía en el más absoluto silencio.

Su impaciencia le obligó a tumbarla en las finas sábanas y fue directo a zambullirse entre sus pechos, succionando sus pezones, viéndola jadear. Suplicaba tenerle dentro, pero la quiso hacer esperar: sujetó sus dos manos, inmovilizándola, y entonces bajó a bucear entre sus piernas. Su piel, ardiendo, se dilataba abriéndole el paso para dejarle beber de aquel fluido que emanaba cálido. Así, sin prisa alguna, la escuchó gritar, quebrando de nuevo aquel imperturbable sigilo una y otra vez. La ciudad entera estaba petrificada y ella ahora la atronaba con sus gemidos.

Llegó reptando por su cuerpo hasta su cara. Quería sentirla debajo, acariciando su pelo y dejarla recuperar el aliento. Y con una dulce sonrisa, mientras ella se tranquilizaba, le preguntó sin palabra alguna si quería que la penetrara. No contestó. Solo le miró agarrándole los glúteos, llevando todo su cuerpo hacia sus propias caderas. Entonces, muy despacio, sintió cómo la llenaba sin dejar de besarla. Fueron capacesde percibir cómo esa rítmica presión, que parecía hacerles bailar, les hizo explotar de placer a ambos en mil pedazos. Los mil pedazos que se rompieron como un cristal al chocarse, como aquellas copas que habían lanzado al aire y que, de repente, terminaron por quebrarse.

Fue en ese justo momento cuando aquel sonido les devolvió a la realidad del restaurante, del ruido de aquella botella que cayó al suelo estrepitosamente. Del camarero que repetía los segundos platos, la mosca que retomaba el vuelo, desviándose de su rumbo por la brisa del ventilador. Y todos los comensales masticaban y charlaban como si no hubiera pasado nada. Apenas habían pasado dos nanosegundos que para ellos había sido una vida

Todo aquello volvía a moverse, sin embargo, en un mundo paralelo, el ritmo se había detenido, dejándolos a los dos enterrados el uno sobre el otro, sumergiéndose entre las sábanas que los escondía del resto de la humanidad. 


28 comentarios:

  1. El torso duro, los labios varoniles, el duro abdomen... Bueno, bueno, bueno... menudo chulazo. Hasta yo, que soy hetero de toda la vida, me lo estoy replanteando.
    Un relato magistral, tan original en su concepción como sugerente en sus descripciones y redondo en su final. Un diez.
    Ana, has estado realmente inspirada.

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    1. Hay veces que la inspiración llega en los momentos más inesperados. Unas veces te pillan a destiempo o en un sitio lejano, pero cuando hay datos que están ahí en el subconsciente y que se dejan fluir, parece que cobran vida por sí solos.

      No me extraña que te lo replantees, es que lo he descrito con tanta exactitud que es difícil no caer en los encantos de un tipo como éste...jejeje.

      Gracias por el diez.

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  2. Toc, te has salido!!! La originalidad mezclada con la sensualidad... me ha encantado, vamos!!!
    Un abrazo.

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    1. Gracias Tocaya! Una que tuvo un día tonto ayer...jajaja.

      Besitos.

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    1. Los 40 principales?

      No sabes cómo lo siento. Eso te pasa por leer estas cosas a horas intempestivas, mira que te lo dije! Eso sí, lo habrás sudado!

      Besotes y recupérate, mi arrrma!

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    2. Pero si me subió por tu culpaaaaa, miarma, jajaja

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  4. ¿Entonces pasó algo de verdad, o fue todo fruto de su subconsciente? 80 (vease ojiplático y boquiabierto, que es como me he quedado después de leerlo 3 veces)
    Si tienes un aparatejo que detenga el tiempo así, ponle precio que lo quiero. ;)
    Besos!!

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    1. Ahhh, fueron los astros, cosas de la física cuántica... ¿Quién ha dicho que la relación espacio/tiempo es la que nos han contado?

      Lo mismo hay otras vidas en otras dimensiones paralelas, que no es lo mismo que para-lelas...

      Besos sin aparatejos, a ver si lo inventan ¿te imaginas?

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    2. Yo soy muy lelo, me voy a esa dimensión ya mismo a ver si conozco alguna lela interesante :D
      Si existiera, lo usaría para hacer(lo) bien, por supuesto.
      Besos en time-lapse !!

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  5. Me ha encantado el relato!!! Me encantaría que eso me pasara a mí algún día aunque, con lo rara que soy, seguramente lo aprovecharía para saltarme la cola en el parque de atracciones. Jajajaja. Besotes!!!

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    1. Jajaja, piiiiiiiiii, error! El parque de atracciones está también parado. Busca otra cosa que hacer, Álter!

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  6. Pues sí que hay muchos que tendrían que aprender sí. Me hubiera gustado que fueran infieles para un texto así, retorcida que es una xddd! Biquiños!

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    1. Y quién te ha dicho que no lo eran??? Bruja!!! jajaja

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  7. Impresionante relato!!!
    A quién no le gustaría que pasara eso... y cuántas veces habrá pasado en nuestra imaginación...
    Besos.

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    1. Pues si, lo curioso es si coinciden los pensamientos en la misma dirección. De ahí es de donde se sacan estas historias de mundos paralelos...

      Un besote.

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  8. ahh es la suma perfecta de todo lo que se ansía en un relato,sensualidad,calor,inteligencia... me ha encantado!

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    1. Tú que eres siempre tan benévola...

      Besos!

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  9. Como Jatz al principio pensé que era todo producto de su imaginación. Hasta me vi reflejada en alguna de mis citas, cuando escucho en silencio lo que mi "Romeo" me cuenta mientras estoy a mil kilómetros imaginando lo que vendrá después o lo que me gustaría que viniese.
    Sí, yo también quiero una máquina de esas que sea capaz de hacer estas cosas, un chulazo moreno como el que describes para jugar con la máquina, y escribir tan requete como tú lo haces. Bravo!

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    1. jaja, pues nada, habrá que patentar una maquinita. Me alegro de que te gustara.

      Un besazo!

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  10. Jajaja ¿el sur de su cuerpo? que fina Anita jajaja. Me lo voy a tomar a recochineo porque si profundizo tendría que decir cosas como que - joder, que bien transmites - coño! que bien escribes - y oye...no! que luego se te sube a la cabeza.
    La parte cachondona muy bien, como siempre, pero me ha encantado como describes la paralización del tiempo y los personajes alrededor, todo un ejercicio escrituril (no me gusta lo de literario) del que sales más que airosa.
    Un beso!

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    1. Vale, si lo llego a saber suelto algo así como "se fue pa'bajo", y así lo mismo queda más a la altura...Pedazo de cabrona! jaja Ya, ya, si esto te va a pasar factura (aunque luego hayas intentado arreglarlo).

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  11. Deberías poner el diosometro para calcular las reacciones químicas del texto jajajajaja
    besotes guapa!!!
    ¿Te he dicho que me encantado? (emoticono de mono tapándose los ojos)

    más besotes!

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    1. Sí, sí, mucho tápate los ojos, pero no me creo naaaaaaaaaaaada. Que ya nos vamos conociendo, Davidóvich!!! Le ha faltado sabes qué???? Un paaaalo! jajajaja.

      Besoooooooooo

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  12. Unas décimas de segundo para recordar toda una vida. Un abrazo compañera.

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  13. No sé por qué, me ha venido a la cabeza una de las teorías de la física cuántica.
    Besos!

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    1. Yo soy de letras, pero vamos, sí...jaja. Besos.

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