Subconscientes...

5 de diciembre de 2016

Navidad justiciera.




Llevaba una década maldiciendo a todos y cada uno de sus compañeros. Le habían estado haciendo el vacío desde el primer día que puso el pie en aquella oficina. Ni uno solo se había acercado alguna vez para comer juntos, salir a tomar un café o charlar sobre banalidades cotidianas. Al revés, en cuanto la veían pasar, la conversación se terminaba, los corrillos se disolvían y volvían, raudos, a retomar su trabajo. Quizás fuese por su aspecto estrafalario, su pelo enredado y grasiento, junto a esa estrábica forma de mirarlos. Podía ser también por el olor a naftalina que desprendía su ropa o esa falta de empatía que solía demostrar al criticar los sucesos que salían en la prensa. Cada día se mostraba más antipática, menos cordial, más escandalosa al hablar y más desagradable cuando masticaba el bocadillo a la hora del desayuno.

Un año más, decidió no asistir a la cena de Navidad de la empresa. No soportaba ver sus caras felices, rebosantes de correctores y maquillajes, perfumados en colonias caras y trajes escogidos para el momento. Ella no. Ella prefería quedarse en casa, acariciando a su rollizo gato, pedir unas cuantas pizzas y eructar al tiempo que veía cualquier programa televisivo, inundándole la cabeza de una falsa evasión.

Mientras tanto, en el restaurante, el resto se saludaría dejándose la marca de los pintalabios en las mejillas, haciéndose fotos con los móviles y exhibiéndose, una vez más. Se agradecerían entre ellos que no hubiese venido nadie ajeno a la común camaradería que fuera a enturbiarles aquel momento, y se alabarían unos a otros por el atuendo elegido para la ocasión. Y llegados al momento del brindis, tomarían una copa de cava que una espectacular mujer, bandeja en mano, repartiría entre los asistentes. Desde el presidente hasta el mensajero detendría su discurso, las carcajadas y los chistes, para deleitarse durante unos segundos ante el espectáculo de aquella belleza uniformada de camarera. Y comentarían entre risas la pena que daba que aquella divinidad no estuviera en un pase de modelos de lencería femenina.

Entonces ella sonreiría, viendo cómo, poco a poco, los comensales, mano en el vientre, se irían doblando, cayendo al suelo, como castañas maduras que se  endurecen y se resquebrajan al golpearse contra el suelo. De esa manera, cuando el equipo médico diese por fallecidos a los 160 invitados, la espectacular mujer sustituiría su sensual y erótico atuendo por varias capas de trapos malolientes, se enredaría de nuevo el pelo y volvería a colocarse las lentillas estrábicas que tanto alejaban a sus azules iris de su aspecto real.

No había sido culpa suya haber nacido tan bella y provocar que todo el que la viese quisiera dormir con ella. Eran demasiados años ya en los que tanta hermosura había perturbado su mente, enajenándola por completo y provocando que, día tras día, se enfundara en su extravagante disfraz.


Esta vez no quedó nadie vivo. A ver si para la próxima Navidad en la siguiente empresa alguno de sus compañeros se acercaba más a ella con el único propósito de conocer su forma de ser y no huir de aquel repelente aspecto físico que tanto asco daba a los demás. Así, a lo mejor, alguno lograría salvar la vida.

8 comentarios:

  1. Estaba dudando si ir a la cena de la empresa, pero me has convencido. De que no, claro.
    Besos.

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    1. Ve, hombre, pero no bebas de la copa que te ofrecen las camareras pibones...

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  2. Pues imaginarme a la tía esa tragando pizza en el sofá me pone mucho

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    1. Jajajaja... En cuál de las dos versiones?

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  3. Mente retorcida... Jajaja.
    Será malvada!!
    Buenísimo, Toc. Como tú sabes aderezarlo.
    Besazos sonoros.

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    1. Tanta belleza acaba por volver loca a cualquiera. Yo por eso prefiero ser del montón! Jajaja...

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  4. Ahhh, cómo me encantaría ser esa mujer.
    Yo este año he decidido ir a la cena de Navidad pero por hacerle gasto a la empresa; de alguna manera habrá que cobrarse la no subida de salario. Pero cobrárselo como esa mujer sería, sería... ¡ay!

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    1. Pues ya sabes...disfrázate de camarera y sirve el champán!

      Un beso!

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